Delirarte
mientras resuenan
besos que anidan en el sur:
Elefantes,
jirafas,
un león.
Mírame, amor, mírame.
Que en tus árboles
florezcan aves de purpúreo esplendor.
Que la esperanza no se acabe
si pronuncio
ajeno,
distante,
resignado,
dolido,
agitado,
aquellas palabras
(mil veces temidas)
que adornan mi camino
y cuidan mi destino.
El mundo es cruel
para corazones como
el tuyo
y
el mío.
A uno lo vuelven duro,
al otro lo fragmentan,
lo disuelven.
Se vuelve inevitable
(como todo lo que habita en este mundo)
el dolor.
Tú lo disfrazarás,
partirás aplazando lo inaplazable,
yo lo aceptaré
cediendo a lo irreparable.
- Vendrá,
un día,
alguien
a repararlo -
me diré
(En la espesura de la selva
hasta el más intrépido tiene miedo,
hasta el menos creyente
rezará antes de morir).
Delirarte
mientras resuenan
besos que anidan en el sur:
Elefantes,
jirafas,
un león.
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Podría tirar mi corazón
desde aquí, sobre un tejado:
mi corazón rodaría
sin ser visto.
Podría gritar
mi dolor
hasta partir en dos mi cuerpo:
sería disuelto
por las aguas del río.
Podría danzar
sobre la azotea
la danza negra de la muerte:
el viento se llevaría
mi danza.
Podría,
soltando la llama de mi pecho,
echarla a rodar
como los fuegos fatuos:
las lámparas eléctricas
la apagarían…
- Alfonsina Storni
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